martes, 16 de febrero de 2016

Las cosas que no pude responder

Entonces se sentó,  observó con cautela la alineación de las estrellas y destronado, se levantó de la colina y caminó sin rumbo, esperando llegar a algún lugar donde sin pasado y sin futuro nadie le juzgase. Se sintió halagado por la alquimia, y persiguiendo las estrellas caminó tras aquella que se movía deprisa, como si el cielo estuviese iluminado por esa llamarada, y cuando paró, cayó frente a sus pies ese METEORITO que quedó casi reducido a cenizas, convertido en una pequeña piedra que tomó del extremo para convertir en su amuleto. Decidió pasar la noche en una habitación de un motel de mala muerte, y ahí fue donde decidió tomar su primera nota, así que cogió un POST-IT y escribió una frase de Bukowski "Me gustan las personas desesperadas,con mentes rotas y destinos rotos. Están llenas de sorpresas y explosiones. Me encuentro bien entre tantos marginados porque soy uno de ellos". Así dejó un signo de identidad con el fin de que alguien lo encontrase, tal vez nadie lo haría pero lo guardó bajo el pie de la lámpara de noche. Al día siguiente, marchó y una parte de sí, quedó en esa habitación.

Nayat escapó de aquella prisión, viajó unas cuantas millas en barco y sin saber que hacer, acabó en la misma habitación en que él pasó aquella noche hacía mas de 30 días. Tomó un baño, por primera vez se relajó, no sintió miedo. Tras este momento, decidió irse a dormir, desnuda, le agradaba sentir el frío que entraba por la ventana aun a sabiendas de que era invierno y la lluvia azotaba con furia en la ventana. Y caminó, desde el baño hacia la cama, con los ojos entreabiertos, hinchados por el cansancio y el sueño. Entonces tropezó, hizo caer sus GAFAS que cayeron de canto sobre el suelo y la lámpara las aplastó ROMPIENDOLAS. Asustada, se agachó a recoger el estropicio y justo cuando se levantó con las gafas en una mano y la lámpara en la otra, Nayat vió la nota que había dejado. Y la leyó, una y mil veces, intentando comprender como alguien podía sentirse identificado con la única lectura que ella había tenido durante veinte años. No había leído ningún libro que no fuese aquel que guardaba con recelo, por tal de que nadie lo encontrase, y escondía bajo la baldosa rota que había colocado bajo la cama.
Lo utilizaba solo cuando estaba completamente segura de que nadie podia verla, no veía otro modo de escapar de la realidad absurda en la que vivía. Tenía una necesidad imperiosa de hacer volar a su mente, de marcharse, y su unica forma de escapar era la lectura. No tenía lujos, no podía salir de allí, no tenía ninguna vida social, no podía expresar su ansiedad, su capacidad, se sintió durante años como un colibrí al que se le habian mojado las alas, incapaz de escapar, de emprender el vuelo.
Nayat tomó la nota, junto a sus gafas rotas y las guardó en su caja, era de color rojo, y la abrió cautelosa, encima de la cama, con el fin de no abollar ninguna de sus esquinas, protegiendo el terciopelo que la cubría. Sacó su libro de Bukowski, abrió la página 49 y pegó el post-it. Después lo cerró, y colocó sus gafas rotas sobre el libro. Así al día siguiente abandonó la habitación sintiendo que no estaba sola.

Me hallé sentado en una parada de trenes, no sabía donde ir, no encontré ningun motivo por el cual seguir mi viaje despues de cuarenta días de no tener norte. Busqué en los ojos de la gente mi rosa de los vientos, y por más que miré nadie tenia lo que esperaba encontrar. Estaba a punto de levantarme, ese banco me había proporcionado miles de horas interminables, intentando buscar eso que esperaba en los ojos de la gente. Además me había hecho comprender que ser un desheredado no significaba ser infeliz. Así bajé la mirada, exhausto, decidido a irme, sin rumbo, pero a irme y se acercó, me tomó la mano, me vió despojado de toda emoción, de toda sensación que el calor humano te pudiera hacer tener, y aún así insistió. Me llevó hasta un bar, y nos sentamos frente a la ventana, no miré, no quise ver sus ojos. Me negaba a esperar que fuera mi rosa de los vientos, me limité a observar sus manos.
Eran bastas, llenas de callos, arrugadas, con las uñas un poco descamadas y llenas de manchas. Le asomaban raídos los puños de la camisa en color amarillento, que del desgaste había adquirido el blanco originario. Se llamaba Dorian. Y cuando el camarero nos sirvió un par de cafés, me decidí a mirarle los ojos. No, no llevaba mi norte, pero me enseñó miles de nuevos valores, y así le escuché durante horas.

Nayat se dirigió a la estación esperando encontrar un tren para seguir viajando, lejos de aquel lugar que tanto la había condenado, pero nadie le vendía un billete por la miseria que llevaba encima. Se sentó unas horas mientras esperaba encontrar a alguien que le diera su billete a cambio de su poco dinero. Nadie la ayudó, y no se daba por vencida, y decidió ir al bar de la estación, no se le puede negar a alguien el agua, tal vez la comida, pero no el agua.
Se dirigió a la barra, avergonzada, muerta de miedo, y habló con el muchacho que servía. Educada, preguntó si podrian darle un vaso de agua, sentía sed y su esperanza se negaba a que hubiera alguien tan poco cortés de negarse. Esperó impaciente una respuesta, y el muchacho respondió con una negativa.

Dorian, observó la escena desde la silla que ocupaba frente a mí, no supe entender el silecio, no sabía que estaba viendo. Entonces llamó al camarero, y malhumorado le dijo, que sirviera a la muchacha lo que deseaba. Cuando se fué, Dorian se levantó y fue hacia la puerta, le ví hablando con alguien, pero no podía ver con claridad con quien hablaba, y al momento, llegó con ella. Mi ojo destartalado me había impedido verla,había algo en ella que sentí muy dentro, y cuando dijo su  nombre, me estalló por dentro algo que nunca antes había imaginado que experimentaría.
Sirvieron a Nayat un desayuno, y Dorian desapareció. Conversamos durante horas, y ella me mostró la nota en su libro. Suspiramos, y como un acto reflejo, miramos hacia arriba, y nos dimos cuenta de que estabamos bajo una BANDERA DE JAPÓN. Y en ese instante, Nayat preguntó ¿cual es tu nombre?